One Piece (GBA)

One Piece

Mientras que Game Boy Advance vio cómo afamados iconos del cómic americano se desmoronaban bajo sus circuitos, devenidos en atentados lúdicos, algunos de los hitos del manga shonen fueron colmados con adaptaciones notabilísimas para la portátil. La buena mano con las licencias niponas le corresponde a Dimps, una compañía integrada por advenedizos de SNK, Capcom y SEGA -no en vano, fue una de las pocas desarrolladoras que supieron devolver cierto lustre al erizo azul cuando algunas entregas vaticinaban el creciente descalabro-. Dicha puntería la ejemplifica este beat´em up de One Piece de perspectiva lateral e inédito en Europa, donde la mayoría de videojuegos basados en la obra de Eiichiro Oda se adscriben a la lucha festivalera -remedos de Super Smash Bros– o a las batallas tumultuosas y machaconas del musou.

Del mismo modo que Dragon Ball Advanced Adventure, del que este One Piece es un calco jugable y técnico, recreaba la no tan manoseada infancia de Goku; el presente cartucho comprende los timoratos inicios de Luffy, con el reclutamiento de sus primeros tripulantes -o nakamas , que diría un aficionado- a lo largo de los seis primeros arcos de la serie. Por desgracia, el único personaje jugable es el cándido protagonista, y los camaradas se limitan a ejecutar una habilidad especial bajo sus órdenes, en caso de que el jugador haya logrado dar con ellos entre el diseño enmarañado de los escenarios, que ocultan diversos recovecos y objetos coleccionables. Es un ardid para paliar una oferta de niveles que en principio puede presentarse escasa, dado que cada una de las seis sagas consta de tres fases y la última se reserva exclusivamente para el enfrentamiento contra el jefe.

En cualquier caso, resulta difícil reprocharle más durante buena parte del desarrollo, aunque se deba a lo conservador de su apuesta. One Piece es ciertamente solvente, merced a los agradecidos ribetes de plataformeo que las facultades elásticas de Luffy añaden a una fórmula muy clásica y al esmero con el que se han trasladado pasajes y motivos de la obra original, pese a las discretas prestaciones de la portátil. En suma, en este cartucho late una nostalgia en sus mecánicas y en la reproducción de los primeros compases de la serie que lo convierte en recomendable para el usuario algo avezado, ya sea neófito o lector/espectador impenitente de One Piece.

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Gekido Advance Kintaro´s Revenge

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Game Boy Advance fue -con suerte dispar- generosa en cartuchos, pero antes de que Gekido Advance Kintaro´s Revenge saliera al mercado, el género del yo contra el barrio prácticamente solo había conocido conversiones de viejas glorias, adaptadas a la portátil con bastante tino, también sea dicho. Entre el tropel de reediciones, aparecía en 2002 esta rareza, obra del desconocido Naps Team, que ya había desarrollado una discreta precuela para PSX. El juego lo protagoniza un tipo incluso menos agraciado que quien rubrica estas líneas, aunque sumamente espléndido a la hora de prodigar mamporros tremebundos, como para dejar en el sitio a las indolentes hordas de zombis. Partía con las trazas de ser un beat´em up memorable, pero una conjunción de conformismo, haraganería y jeta lo condenaron a la corrección.

Tras profundizar en el presente título queda la impresión de que se ha apostado casi todo a la brillantez gráfica. Así, la monotonía del desarrollo inherente a todo representante del género, con la que los aficionados transigimos alegremente -pues no se requieren mayores rodeos para hacer el cafre y zumbar al personal-, resulta en este juego mucho más acusada. No en vano, se recauchutan hasta la extenuación esbirros, obstáculos y melodías -en vista de lo cual, no encontramos tan descabellado que una de las escasas opciones que oferta el juego pase por suprimir el apartado sonoro-. Dichos inconvenientes podrían disculparse, si no fuera porque los enemigos que nos salen al paso aspiran al dudoso honor de ser los más plúmbeos y cicateros del género.

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El arte del reciclaje

Gekido Advance Kintaro´s Revenge hace acopio de una picaresca muy nuestra y bebe de aquí y allá, sin mucho empeño en disimular las fuentes. Por no decir que saquea a sus referentes, directamente. De modo que, el personaje principal reparte estopa con idénticas mañas y animaciones que Kyo Kusanagi. Y para mayor traca, uno de sus más enconados rivales podría pasar por el hermano perdido de Iori Yagami, con el que comparte el hábito de llevarse las manos a los bolsillos y la pose chulapa. Y así, durante toda la aventura, se sucede una procesión de elementos sospechosamente familiares.

Con todo, todavía es capaz de dar algunas alegrías a los devotos de las tollinas.