Super Mario Run

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Muy raramente yerra Nintendo con sus sagas capitales, y aunque la incursión del fontanero en el mercado móvil, adscrita además al género runner, desatara una oleada de escepticismo -que en algún momento alcanzó a quien suscribe-, Super Mario Run acredita a la compañía como gran salvaguarda de esencias jugables. Con el automatismo del avance lateral y la jugabilidad táctil es inequívocamente un Mario plataformero, trufado de homenajes a la vertiente 2D  de la saga y de reinvenciones de su imaginería.

Cacareado y controvertido ha sido el precio, contra el que se ha revuelto un público tradicionalmente rácano. Bien es cierto que los veinticuatro niveles que componen el modo historia, al menos si se conciben como mero tránsito de un punto a otro, apenas son golosinas para el aficionado, piezas de impecable factura de Mario 2´5D pero divertimentos muy pasajeros. No obstante, un ingenio de diseño dota al juego de pleno sentido: las monedas de colores desperdigadas en tandas -rosas, púrpuras y negras-, dispuestas progresivamente de manera más intrincada, introducen leves modificaciones en la arquitectura de los niveles y obligan a una revisitación muy beneficiosa.

Revisten a Super Mario Run con capas de profundidad y reto. Debería ser algo que no pasara inadvertido, pero quizás convenga aclararlo al jugador bisoño, que de otro modo creería que se encuentra ante un juego raquítico. Super Mario Run apenas precisa pulimentos en su fórmula, es sobresaliente en la traslación al proceloso terreno móvil, solo se le podría pedir una oferta mayor de mundos y niveles a una más que estimable iniciación en un mercado hasta ahora ajeno.

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