Short Peace Ranko Tsukigime´s Longest Day

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Echar mano de la etiqueta fácil y definir a Short Peace Ranko Tsukigime´s Longest Day como la enésima niponada del prolijo catálogo de PS3, no sirve ni para atisbar superficialmente su singularidad. Especialmente, porque lo que tiene de jugable es casi anecdótico, como evidencia el hecho de que se promocionaran con mucha más insistencia los cortos de animación. Y también porque el maridaje de plataformas y acción se distancia de los habituales JRPG y SRPG  -y algún rezagado de lucha 2D- que componen el grueso de juegos de nicho de la consola.

Ahora bien, no sería un título reseñable entre el tropel de rarezas de no ser porque es una de las intentonas más dolorosas que jamás haya acometido una nómina de autores tan ilustres. Por eso y por la reprobable triquiñuela comercial -aunque, también sea dicho, hay que aplaudir la valentía de la distribuidora- para endilgar un irrisorio epílogo jugable a cargo de Crispy’s Inc. y Grasshopper Manufacture   y vender de salida el blu ray con los cuatro cortos por sesenta euros del ala. En esta casa, rara vez aludimos al precio de los juegos y mucho menos repercute en nuestra valoración final. Con todo, conscientes de que el indiscutible atractivo del compacto estriba en su parte animada y de lo limitado de la propuesta jugable, nada innovadora y de nula profundidad de mecánicas, encontramos que el coste inicial de lanzamiento raya en la tomadura de pelo.

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Dicho esto, Ranko Tsukigime´s Longest Day -el apartado jugable- es, en el mejor de los casos, cumplidor. Al menos si se toma más como excusa interactiva para hacer de broche de los cortos que como juego ex profeso. Pues viene a cubrir la era contemporánea de Japón y continuar la muy ambiciosa pretensión del proyecto multimedia de abordar la historia del país del sol naciente. Consiste en un título de acción y plataformas con fases con scroll horizontal y unos cuantos enemigos desperdigados, con el único fin de entorpecer el avance de nuestra protagonista, que solo podrá caer a manos de la amenaza que nos persigue desde detrás de la pantalla. Las posibilidades del control son las acostumbradas para un juego de vocación arcade: atacar, saltar, planear, rebotar de pared a pared y disparar. Cualquier jugador algo mañoso puede pasarlo en cuarenta minutos y los acicates para rejugarlo recaen en el completismo facilón, por los múltiples recovecos de los niveles se reparten objetos que desbloquean arte conceptual, cinemáticas y música.

El guion corre a cuenta de un Suda51 al que quizás se le hayan reído demasiado las gracias y se asienta en la hipérbole constante y bobalicona. Es de esas cosas que todavía le desencajan a uno la mandíbula cuando cree haber visto de todo, y de desmadre en desmadre cierra con la sempiterna cancioncita de tontij-pop. Y es que hacerse un nombre como creativo en ocasiones condena a la autoparodia menos sana.

Fotogramas de los cuatro cortos

Fotogramas de los cuatro cortos

En lo que respecta a Short Peace, la serie de cortos, no ahondaremos en demasiados detalles para no aguar a nadie la sorpresa. Es sin duda, la parte con enjundia del blu ray, por desgracia venía avalada por auténticos prebostes del pasado y presente de la animación -liderados por nada menos que Katsuhiro Otomo- y a duras penas franquean la barrera del virtuosismo técnico. Las cuatro obras superan por poco la hora de metraje -de ahí la inevitable pataleta y aclaración sobre el precio de salida- y, aunque recomendables, no salvan al conjunto de las medias tintas, como suele ocurrir en esta industria con los productos que no saben si quieren ser película o videojuego. La conclusión es clara, estamos ante un título que la inmensa mayoría del público habrá pasado por alto y que, de todas maneras, resulta muy difícil de recomendar a un determinado tipo de usuario. No en vano, el apartado jugable aparece claramente desgajado de lo puramente audiovisual. Posiblemente, lo más adecuado sea tratar de vendérselo a los más devotos del anime, e incluso por esas solo bajo ciertos presupuestos.

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