Tales of Symphonia: Dawn of the New World


Han pasado dos años desde que los elegidos emprendieron su aventura para la regeneración del mundo. Con Tethe’alla y Sylvarant unidos, un nuevo conflicto toma forma: la insalvable diferencia tecnológica entre ambos reinos, a favor de Tethe’alla, configura un marco en el que el odio hacia los sylvarantios está a la orden del día y son tachados de analfabetos y seres inferiores. En Sylvarant nace Vanguard, el frente de liberación sylvarantio, que reclama una posición más justa y persigue a la Iglesia de Martel y a los elegidos. Nuestro protagonista es Emil Castagnier, arquetipo de héroe marginado del JRPG, un joven inseguro que ha vivido la destrucción de su ciudad y la muerte de sus padres a manos de LLoyd Irving -como muestra el comienzo del título-, protagonista del primer Tales of Symphonia. Tras este hecho, Emil no podrá evitar mirar con recelo todo lo que a los elegidos se refiera y profesará un odio inconmensurable hacia la figura de LLoyd, que por contra es admirado por toda la población de Luin, lugar al que se ha trasladado Emil para vivir con sus tíos. En Luin, no tardarán en descubrir el desprecio que Emil siente hacia los elegidos, lo que le valdrá la antipatía de sus habitantes, incluso la de sus tíos. El héroe de la aventura pronto conocerá a Marta, cuya frente resplandece con un tono rojizo, pues deposita el núcleo de Ratatosk, señor de los demonios. Dado el letargo de Ratatosk, antiguo garante del equilibrio del maná, diversas inclemencias atmosféricas comienzan a azotar el mundo. El objetivo de nuestros héroes pasa por despertar a Ratatosk y buscar a los centuriones para devolverle su poder, misión para la que Emil realiza un pacto con el señor de los demonios y los a priori tímidos espadazos se convierten en contundentes ataques, así como se modifican sus ropajes.

Durante el desarrollo asistimos a numerosas secuencias de vídeo generadas por el motor gráfico del juego, por suerte traducidas al castellano y con voces en inglés a la altura. Tampoco faltan a la cita las características skits, conversaciones entre varios personajes a las que podemos acceder pulsando el botón C. Las funciones del Wiimote se limitan a la posibilidad de apuntar a estructuras débiles de los escenarios u otros blancos y quemarlos, por citar un ejemplo. La gran virtud del juego de Namco Tales Studio radica en su sistema de combate -bautizado como Flex Range Element Enhanced Linear Motion Battle System-, similar al de Tales of the Abyss, que si bien en la mayoría de las ocasiones garantiza la victoria mediante el machaqueo de botones y el uso de las artes, puntualmente -en algún que otro combate contra jefes- exigirá elaborar una estrategia. Dicho sistema permite incorporar monstruos a nuestro equipo, para ello es necesario que el elemento que aparece en la esquina izquierda de nuestra barra coincida con el elemento del monstruo a la hora de aniquilarlo, aunque su escasa utilidad en las batallas hace que nos decantemos por un equipo integrado por los héroes de la aventura siempre que sea posible. Será preciso cocinar para mejorar los parámetros de los monstruos y poder evolucionarlos, así como sintetizar objetos para obtener mejor equipamiento. La acusada linealidad del título viene dada por un mapamundi desde el que podemos acceder directamente a cualquier destino, lo que en un principio deriva en el manido esquema de pueblo-mazmorra. No sirven para aliviar esa sensación de repetición las misiones que propone el gremio de gatos ni la única búsqueda opcional disponible en el juego, cuya duración oscila las treinta horas. Quienes disfrutaran de la primera entrega encontrarán uno de los alicientes del título en revisitar pueblos y mazmorras con un motor gráfico distinto, lejos de las posibilidades de la consola pero atractivo y colorista, coronado por el buen hacer artístico de Kosuke Fujishima y Daigo Okumura. Huelga decir que además los héroes de la primera aventura se unirán a nuestro equipo, aunque desgraciadamente no podremos controlarlos. La banda sonora a cargo de los célebres Motoi Sakuraba y Shinji Tamura huye de la épica para ofrecer, en líneas generales, una música más desenfadada que no siempre le sienta bien a Dawn of the New World. Como dicta la costumbre, la versión PAL sufrió un retrado considerable, que viene recompensado por la posibilidad de cargar una partida de su antecesor, esto se traduce en la obtención de nuevos objetos. Pese a vivir a la sombra del primer Tales of Symphonia y no innovar especialmente en ningún apartado, bien puede convencer a los aficionados al género y sobre todo a los seguidores de la saga, aunque sea por el hecho de que se trata de la continuación de una de las entregas mejor valoradas de la franquicia.

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6 Responses to Tales of Symphonia: Dawn of the New World

  1. Tales es una franquicia con mucha solera que bien merece la pena conocer de primera mano.
    Por lo que veo estás hecho todo un experto en la saga amigo mío 😀

    • Juan says:

      Gracias por el cumplido :), pero no soy un experto de la saga, de hecho aún tengo pendientes algunas de las entregas más emblemáticas. Sin ir más lejos, el primer ToS, que no pude conseguir en su día 😦

  2. Roy Ramker says:

    Con este juego tengo un sensación “bipolar”, es un juego que me divertí jugando, pero también siento que está en parte desaprovechado, que podría haber sido algo mucho más grande, pero prefirieron centrarse en un juego más ligero y rejugable.
    Ahora bien, también pienso que ha sido injustamente maltratado por parte de medios especializados y usuarios, porque no merecía tantas malas críticas como las que se ha llevado, seguramente provocadas porque todos esperaban un Tales of Symphonia 2 al estilo y a la altura del primero.

  3. Juan says:

    Opino lo mismo, es demasiado lineal y no innova especialmente, pero no es tan mal juego. La mayoría de JRPG tampoco inventan nada y no se llevan tantos palos.

  4. 317words says:

    Yo solo he jugado a dos Tales of (este y Symphonia) así que no soy precisamente un conocedor de esta saga. Pero para mí el “problemilla” que tiene DotNW es que desaprovecha bastante las posibilidades del argumento que dejó Symphonia. (Amén de lo de llevar monstruitos en el grupo, que tampoco se aprovecha a tope para las batallas.)

    Quizá no es una comparación justa, pero si juegas al Fire Emblem de Wii (Radiant Dawn, continuación del Path of Radiance para Gamecube) te das cuenta que esos dos “bandos de héroes” enfrentados da mucho, mucho juego. Y las cosas que pasan en DotNW llegan a ser bastante previsibles a menudo.

    Pero bueno, a mí me gustó mucho. Me vi el final malo y el normal, que se podía hacer en la misma partida. El final bueno preferí reservarlo para obligarme a jugarlo de nuevo, y como 2013 viene muy cargado de cosas que (re)jugar, me temo que tendrá que esperar a 2014.

    • Juan says:

      Todavía tengo que jugar el primer Symphonia, estoy seguro de que es un juegazo. Precisamente estoy jugando al path of Radiance, y me parece soberbio, pero voy muy poco a poco -lo empecé hace tiempo y estoy en el capítulo 16-, porque en los Fire Emblem siempre me ha acojonado bastante lo de perder personajes.

      A mí este juego me gustó, vi el final bueno – o eso creo- y ya no creo que lo rejuegue, pero no está nada mal.

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